CRÓNICA | El Córdoba elige creer y sueña con el ascenso directo

Los visitantes no pudieron comerse el pastel cordobés y se quedaron sin fiesta gracias a los tantos del extremo hispano-marroquí y el delantero rambleño. 

A pesar del domingo nublado que se presentaba hoy sobre el cielo de Córdoba, podía olerse desde la Plaza de Las Tendillas que iba a ser un partido lleno de luces para los locales. Hoy, más de 10766 afortunados han podido disfrutar de una clase sobre cómo se juega al fútbol en la Primera Federación Española. 

La hinchada entraba al estadio discrepando entre tener miedo a perder o ambición de ganar debido a que, si el Córdoba quería mantener sus aspiraciones al ascenso directo, este sería el partido que podría marcar la diferencia. Todo nerviosismo desapareció una vez el colegiado Cambronero González usó su silbato para dar comienzo a un gran encuentro. 

El técnico ovetense, Iván Ania, fue con todo desde el inicio. Una prueba clara fueron los tres primeros minutos del famélico, en los que un centro de los que a Carracedo le gustan para que lo rematase Casas, no se materializó en gol por muy poco, prácticamente rozando el travesaño de la portería defendida por Montoya. 

Sin embargo, la errata del joven delantero tendría remedio. Sin haberse cumplido el primer cuarto de hora de partido, un saque de esquina de Zalazar llegó a la cabeza de Simo, el cual se encontraba dentro de la zona letal. Él, no se lo pensó dos veces, y se tiró en plancha para enviar el esférico al fondo de la red con el que inauguró el marcador. 

No obstante, al profesor Ania no le bastaba con un solo gol, sino que quería más. Entonces, siguió dando caña a sus alumnos para que apenas pudiesen oler la pelota los piratas norteafricanos. De hecho, tendríamos que esperar hasta el minuto cuarenta para ver la primera ocasión clara de gol para los visitantes. Por fortuna, se marchó desviado por encima de Carlos Marín. 

Los blanquiverdes, fieles a la filosofía de su entrenador, no pararon hasta que el árbitro enviase a ambos conjuntos a los vestuarios. Albarrán, obedeciendo a lo mandado desde el banquillo, cabalgó por la banda derecha al momento de llegar al minuto cuarenta y cinco. El badalonés, logró colocar un centro hacia dentro del área pequeña pillando dormida a la defensa. Y quién iba a ser, Simo, estaría listo para aprovechar el despiste y marcar el segundo. Tras el gol, el árbitro pitó el final de la primera parte. 

Durante la segunda parte, se vivió un guion muy similar con respecto al de la primera. Además, ambos técnicos movieron ficha. Por un lado, los locales reforzaron la defensa, dando entrada al ya renovado Mati Barboza sustituyendo a José Antonio Martínez, el cual sintió unas molestias en un muslo. Por otro lado, los visitantes intentaron reconfigurar su medio campo mediante Pablo Hernández, cedido por el Tenerife. 

Unos minutos después, Juan Sabas comprobó que con un cambio no fue suficiente para revertir la situación. En consecuencia, introdujo a dos jugadores más sobre el terreno de juego. Uno de ellos, era el máximo anotador del club melillense; aunque poco pudo hacer porque no tuvo muchas oportunidades. 

Cumplido el segundo tercio del famélico, el equipo de casa mantenía un estilo de juego notoriamente superior al de su contrincante. Es más, de nuevo Carracedo mandó otro pase dentro del área rival, y tras una serie de rebotes Casas dio aún más tranquilidad a la afición blanquiverde, pues su disparo consiguió entrar y subir al luminoso, dejando a los califas con un cómodo 3-0 a favor. 

Aunque, el rambleño es un delantero que no suele perdonar, y cuando le llega la redonda, los porteros le temen. A los dos minutos, un golpeo procedente de la banda derecha que pretendía ser un centro marchó a puerta, pero Casas para quitarse de dudas, entró como un cuchillo en mantequilla para colar el cuarto gol y dejar visto para sentencia el encuentro. Además, dicho zapallo sería el décimo de la temporada para Antonio. 

El Arcángel no parecía un estadio, era como si se tratase de una discoteca. Un aura positiva recorría los corazones de la afición cordobesa al son de un “que bote el Arcángel” mientras hacían la ola. Una fiesta que dejó todavía con más hambre de goles a los espectadores, los cuales pedían la manita. A pesar de ello, el árbitro decidió concluir el partido dejando a un equipo y a una afición soñar con una ansiada, pero merecida, vuelta al fútbol profesional de manera directa. 

Ficha técnica 

4 – Córdoba CF: Carlos Marín; Albarrán, Lapeña, Martínez (Mati Barboza, 46′), Calderón; Álex Sala (Recio, 70′), Diarra (Isma Ruiz, 70′); Carracedo, Kuki Zalazar (Kike Márquez, 70′), Simo (Leiva, 72′); y Casas.  

0 – UD Melilla: Javi Montoya; Loren, Moi Rodríguez, Yuste, Álex Macías (Caro, 67′); Víctor Morillo (Kavtaradze, 57′), David Suárez, Selasi (Pablo Hernández, 46′), José Antonio González (Dani García, 57′), Sergio Pérez; y Alassan (Cotán, 71′). 

  

Goles: 1-0 (10′) Simo. 2-0 (45′) Simo. 3-0 (67′) Casas. 4-0 (69′) Casas.

 

Árbitro: Cambronero González (comité castellano-manchego). Amonestó a los locales Kuki Zalazar, (59′), Leiva (90′), Recio (90′) y Lapeña (90’+), y a los visitantes Alassan (57′), Álex Macías (66′) y Kavtaradze (75′). 

  

Incidencias: Encuentro correspondiente a la jornada 25 de liga en el Grupo 2 de Primera Federación, disputado en El Arcángel ante 10.766 espectadores

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